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¿Cómo te va?

7 jul 2017
2 min de lectura

Noah

Cómo te va la vida, Noah, cómo la tratas. Te sueño ahora con tu bohemia por las calles de Chamartín, hábil junto a la noche para perderte después del vino por el Paseo de la Habana. Hacia dónde te llevarán tus pasos hoy. Posiblemente terminarás en Chueca con tu estrella de puntas de magia blanca, brillando de sonrisa y quijotada. Echo de menos tu desafío a la seriedad de los peatones neutros, tus pequeñas cucharadas lentas a la existencia, cuando bajabas al Jokin en zapatillas de andar por casa. Nuestro bar ya es nostalgia de los mejores momentos de la adolescencia, de los días en que sembramos esta locura que nos une, las raíces con la que abrochas los cordones a tus niños del universo, mi zapatero de moda infantil. Amábamos ese corro multicolor de los gremios, unidos en el menú de Elisenda y Antonio. A las dos de la tarde se paraba el mundo y las desgracias no eran para tanto.

A mí me está volviendo a acariciar la literatura más tierna, mientras sigo desviándome hacia ningún punto en concreto. Vendo pisos, ya sabes. Pero no es lo que más importa. La venta es una excusa para hablar con las personas, a veces se me olvida la corbata que porto y termino en las terrazas de amigos que empezaron siendo clientes. Este domingo viajo a la montaña a realizar una tasación a una masía en la provincia de Lleida. Tengo que tomar medidas y hacer unas cuantas fotos. También me daré unos baños en el río si la tormenta de verano que asedia Castilla no sube al norte. Hoy toda la tarde la pasé en casa de Javi, un cliente que lleva casi año y medio sin salir de casa debido a una serie de problemas que no caben ahora aquí. Es un portento en economía al que un día su mente le hizo crack como le pasa a un país mal gobernado. Todo lo que diga de Javi me atañe porque para mí es un espejo de mis limitaciones, un ejemplo de que nadie está a salvo nunca de quedarse pillado. Tengo tan buena sintonía con él y hablamos tan descubiertos de nuestros misterios, que será el primero en reírse con estas líneas. Siempre me pide que llame a los servicios sociales, pero temo que lo tengan guardado en un fichero de casos imposibles.

Espero, Noah, que pronto nos corramos una buena noche juntos, como aquella vez que te fuiste el primero con Emma. En serio, me gustaría que nuestros mensajes cruzados fueran algo más, lo nuestro se merece un viaje. Por agosto tendré diez días de vacaciones, pero no pasaré por Madrid. Olivença me espera para contemplarme desde fuera, para saberme mejor y poner en la punta del índice la vorágine. Desde el café de Lola –donde me cuidan bien- me despido. Por Sant Andreu la noche respira inquieta, meciéndose en una hamaca de deseos.


 
 
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