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Fotografía Xana Cos 

Totalitarismos de ida y vuelta

En el invierno de las mil noches de Leningrado mientras los nazis asedian la ciudad Shostakóvich vuela rumbo a Moscú imaginando los movimientos finales de su Sinfonía número siete. La señora Vasilieva llora azuzando en el puchero los huesos de la pequeña Alexandra devorada por la lumbre del horror y el hambre.

Ni un paso atrás, ordena el Führer desde Berlín. Stalin confía en el General Invierno. La megalomanía se ha desatado. La paranoia alcanza cotas inimaginables. La realidad culmina su obra más abyecta: millones de inocentes perecen sin consuelo.

En Mauthausen, un grito desata la tormenta, las chimeneas humean sin cesar. En el gueto de Varsovia un viejo rabino implora clemencia con sus rodillas clavadas en el piso. En el gulag de Kolimá los purgados ni gritan ni rezan ni distinguen el cielo del infierno.  

La aviación angloamericana bombardea Europa y el Pacífico.

Un joven piloto pasadísimo de anfetas no atina a descifrar, cuando pulsa el botón lanza misiles, si está asesinando a una población shockeada o se halla inmerso en una batalla intergaláctica pugnando por ser el nuevo redentor del Universo. 

En Wall Street los amos de la guerra afilan sus colmillos luciendo oro y diamantes en los escaparates de la Quinta Avenida.

El siglo XX se desangra.


Madrid, ochenta años después, diciembre de 2025


Ya siente su alarido. Su hálito de odio. Parecen dobermans rabiosos. Sobre el asfalto relucen las puntas de acero de sus botas. 

Manuel apura la última calada de un cigarrillo de liar. Se arropa con la manta que le ha bajado una vecina para protegerse ahora que arrecia el otoño y la madrugada acelera hacia la escarcha. Las hojas desnudan la timidez de los árboles. La calle no tiene piedad con la indigencia. La piedra no alcanza a calentar cuando ha sido despojada de la pisada del corzo, de la tierra mojada y de la seda de las arañas. 

Manuel mira de reojo la luna. Trata de poseerla atrapándola entre sus párpados. Aprieta con fuerza sus manos contra el pecho. Cada vez están más cerca. Cada vez tiene más miedo. Avanzan como ñúes asolando el Serengueti. Llegan hasta él, le rodean, le escupen, lo insultan. Comienza la golpiza. Las últimas patadas las recibe inconsciente. 

Manuel descansa: amoratado y sin nadie que reclame su cuerpo en la morgue. 

Ha sido víctima del fanatismo frenético de un escuadrón de cobardes y del olvido voluntario de esta sociedad infame. 



Berna Píriz Macías 

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